Hacía tiempo que tenía en mente hacer una bica. No era algo que pensase cada día, pero si que es verdad que cada vez que veía o probaba una, me preguntaba por la forma de combinar esos sencillos ingredientes que veía en su
fórmula cualitativa para obtener una cosa tan buena. Pues nada, el otro día llegó el momento, y además de forma un poco inesperada.

Hace poco que estoy intentando volver a una rutina de hacer pan en casa, y por eso abrí la nevera y saqué mi pobre masa madre, que llevaba ahí abandonada desde hacía unos meses, y por tanto estaba bastante pachucha, recubierta de ese líquido oscuro y alcohólico que se genera como subproducto de la desidia del panadero casero ;P. Nada que no tenga una sencilla solución a base de unos cuantos refrescos con harina ecológica y agua del grifo. Un par de días después la cosa empezaba a tener mejor pinta, estaba más activa, burbujeaba y aumentaba de volumen bien, aunque no con la velocidad a la que me tenía acostumbrado en otros tiempos. También es verdad que en la nueva casa hace menos calor en la cocina y por tanto hay que hacerse a la idea de que las velocidades de fermentación serán menores. Pero bueno, el caso es que a base de tanto refresco acaba uno tirando mucha masa madre, y da pena. Una buena opción es darle uso en repostería, o en tortitas, cosas que no requieren de una gran actividad de la masa madre y que se benefician bastante de sus matices de sabor y su humedad.